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Full text of "El Cubo del Sur: aporte para servir a su restauración"

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APORTE PARA SERVIR 
A SU RESTAURACION 

POR EL CAPITAN DE INGENIEROS 

MARIANO CORTES ARTEAGA 


MONTEVIDEO 
IMPRENTA MILITAR 

19 3 5 













EL CUBO 
DEL SUR 


APORTE PARA SERVIR 
A SU RESTAURACION 

POR EL CAPITAN DE INGENIEROS 

MARIANO CORTES ARTEAGA 


MONTEVIDEO 
IMPRENTA MILITAR 




DEL MISMO AUTOR 


LAS FORTIFICACIONES DE LA DEFENSA DE MONTEVIDEO 
DURANTE LA GUERRA GRANDE. 

LAS TRASMISIONES DEL EJERCITO DEFENSOR DE LA PLAZA 
DE MONTEVIDEO DURANTE LA GUERRA GRANDE. 

LOS INGENIEROS MILITARES EN NUESTRO PASADO. 


ORGANIZACION DEFENSIVA DE LA PLAZA DE MONTEVIDEO 
DURANTE LA GUERRA GRANDE. 


INGENIERO MILITAR ROBERTO ARMENIO. 

PLAN DE ORGANIZACION, REGLAMENTACION Y FUNCIONA¬ 
MIENTO DE UN MUSEO MILITAR. 

UN ESCRITOR SOLDADO, JOSE LUCIANO MARTINEZ, CORO¬ 
NEL, ABOGADO HISTORIADOR, PUBLICISTA. 

HISTORIAL DEL ARMA DE INGENIEROS. 

«ÉfSA- 

PROXIMA A APARECER 


EL CERRO DE MONTEVIDEO Y SU FORTALEZA. 


EN PREPARACION 

LAS FORTIFICACIONES DE MONTEVIDEO, DURANTE LA DO¬ 
MINACION ESPAÑOLA. 



ORDEN DE LOS CAPITULOS 


I — Origen y evolución de los Cubos. 

II — Los Cubos en los primeros proyectos de for¬ 
tificación de Montevideo. 

III — Reconstrucción del Cubo del Sur. 

IV — El Cubo en las Invasiones Inglesas. 

V — Extensión y ampliación del Cubo. 

VI — La Batería del Cubo. 

VII — El Fuerte Elio. 

VIII — Venta del Cubo. 


IX. — Monumento Histórico. 




EL CUBO DEL SUR 


APORTE PARA SERVIR A SU 
RESTAURACION 


Dedicado a la benemérita “Sociedad Amigos de la 
Arqueología’* de Montevideo. 


I. — ORIGEN Y EVOLUCION DE 
LOS CUBOS 


j P) ESDE los tiempos históricos, el hombre hacía en 
\ ^_ la entrada de su caverna primitiva en que vivía 
= un parapeto simple de piedras amontonadas, con 
el cual se ponía a cubierto de la naturaleza y de 
los animales con quienes, mantenía una recia lucha, sus 
primeros competidores, en la búsqueda de alimentos. 

Después empezó la lucha entre las diferentes tribus; 
las más poderosas atacaban y las más débiles debían de 
fenderse; esto obligó a perfeccionar los medios de de¬ 
fensa. 

Abandonadas las cavernas, los hombres pasaron a 
las casas que ellos mismos construían y entonces, en lu¬ 
gar de defender cada puerta hicieron murallas alrededor 
de todo el villorrio. 

Estos obstáculos se construían con los materiales 
que los hombres tenían a su disposición. Así veremos en 
los lugares donde abundaban los bosques, las murallas de 
madera; en donde había piedras, eran hechas de este ma- 





— ó - 


terial; y donde no existía ni lo uno ni lo otro empleaban 
la tierra y el agua. 

La fortificación fué el único y más precioso medio 
para conservar la vida, la libertad y la propiedad y ase¬ 
gurar la independencia de las tribus. 

Estas construcciones exigían cierto tiempo para 
realizarlas, por lo cual se hacían antes de la aparición del 
enemigo, es decir que ya estas primitivas fortificaciones 
eran de carácter permanente. 

Manteniendo siempre la idea del cerco anular inin¬ 
terrumpido, se dió al parapeto amontonado, mayor regu¬ 
laridad en la forma y mayor solidez, se construyeron pa¬ 
redes compuestas de grandes piedras ciclópeas y más 
tarde de trozos de piedras talladas. 

Así aparecieron las murallas: el instinto cedió al 
arte. 

Las murallas fueron poco a poco aumentando su es¬ 
pesor y altura, y al mismo tiempo progresaban también 
las armas. Hicieron su aparición el arco y la flecha. 

Pero estas murallas dejaron ver muy pronto un gra¬ 
ve inconveniente y es que solo podían hacer fuegos fron¬ 
tales. 

El enemigo que se acercaba a su pie podía trabajar 
en élla tranquilamente, porque estaba libre de los tiros 
de los defensores. 

Se imponían los tiros verticales y de flancos, para 
impedir al enemigo acercarse a la muralla y en caso que 
lo consiguiese poder batirlo. 

Para el primero se construyó la plataforma o machi- 
culin y para el otro las torres de forma de cubo, los cua¬ 
les eran colocados a una distancia tal que pudieran cruzar 
los tiros de flecha para batir y defender la cortina. Esta 
distancia era igual al doble tiro de flecha. 

Después se comenzó a cavar el foso para aumentar 
la altura de las murallas v crear un nuevo obstáculo. 

Estos cubos o torres se construyeron después de for¬ 
ma circular para evitar que fueran flanqueados. Se les 
llamó entonces rondeles. 



— 7 — 


La aparición de la artillería obligó a espaciar la co¬ 
locación de estas torres o cnbos y fueron puestos a una 
distancia del doble de alcance de los tiros de cañón. 

Mejorándose la situación de las torres se trató de 
disminuir sn altura casi basta el nivel de las murallas, 
aumentando al mismo tiempo sn diámetro, lo (pie permi¬ 
tió aumentar el número de piezas colocadas en sn plata¬ 
forma. 



Otro provecto semejante al de 1794, para defender la parte de tierra ¿le la Ciudad. — Por él se 
sustituyen los Cubos de forma circular por dos bastiones. — Biblioteca Nacional. — Río de 
Janeiro. — Sección Cartas Geográficas. — Original 3 :l —2|2 28 por 44.600. — Sin fecha. — Sin 

autor. — Atención del Investigador Sr. Juan E. Pivel Devoto. 


Con objeto de desarrollar más sn artillería la defen¬ 
sa, se vió obligada a hacer alrededor de los rondeles ana 
valla terrestre detrás de cuyo parapeto se colocaban pie¬ 
zas suplementarias. 

Estas construcciones recibieron el nombre de basti¬ 
lla o bastea. 

Rodeaban los rondeles y tenían la forma de un círcu¬ 
lo lo <pie contribuyó más a la dispersión que a la concen¬ 
tración del tiro sobre punto determinado. 











— 10 — 


proyecta la defensa del Este de la Ciudad, pero sin to¬ 
rreones. La defensa la constituía el Fuerte Grande que 
después se le llamó Ciudadela, en el centro y a sus lados 
dos murallas con algunos salientes que apoyaban sus 
flancos por el Norte en la bahía de Montevideo y por el 
Sur en el Río de la Plata. 

Los planos que citamos, como otros muy interesan¬ 
tes que hemos estudiado en las copias que de los mismos 
trajo de los Archivos Españoles, el Doctor Carlos Tra¬ 
vieso, recien nos presentan los Cubos en un plano sin fe¬ 
cha y sin firma, que por la extensión de la Ciudad cree¬ 
mos corresponde a mediados del siglo XVIII. En el están 
trazados los dos Cubos en forma circular. 

Aparecen también los Cubos delineados en igual for¬ 
ma en otro proyecto de 1783, levantado bajo el gobierno 
del Virrey Juan José de Vertiz. 

Pero todos estos magníficos proyectos de fortifica¬ 
ción solo se pudieron llevar a efecto en parte. 

Dificultades de orden político y financiero impidie¬ 
ron en repetidas oportunidades su realización. 

A pocos años de haberse levantado estas fortifica¬ 
ciones 1742, el Jefe Militar de la Plaza de Montevideo, 
informaba al Rey que la Fortaleza de Montevideo solo 
tenía el nombre de tal, pues sus murallas eran de vara y 
medio de alto, piedra sobre piedra sin ningún mixto, sin 
foso ni estacada. (2) 

En 1769 el Gobernador don Agustín de la Rosa, re¬ 
firiéndose a la defensa de la Plaza, decía que los Cubos 
del Norte y Sur eran tan bajos que a favor de la baja 
mar cualquier tropa en columna se introduciría en la 
Plaza. 

Este Gobernador propuso algunas ampliaciones y 
reformas las que se empezaron a realizar en el año 1770, 
bajo la dirección del Ingeniero Militar Francisco Rodrí¬ 
guez Cardozo. (3) 

(2) — Historia de la Dominación Española en el Uruguay. — F. 
Bauzá. 

(3) — Colección Falcao. — Gobierno de la Roza. 1763 -72. — Arch. 
Gral. de la Nación — Montevideo. 



— 11 — 


El Gobernador del Pino, Coronel de Ingeniero, en¬ 
contró las Obras de Fortificación, incluso el fuerte que 
llamaban Cindadela, en muy mal estado, y propuso im¬ 
portantes modificaciones en estas obras. 

Se autorizó a del Pino para que, sin variar lo sustan¬ 
cial de la obra y con acuerdo del Virrey Vertíz, ampliase 
los torreones o cubos del recinto antiguo de la Plaza. 
(Proyecto de 1771 para fortificar la parte de tierra). 



Montevideo en tiempo de los portugaleses. _ Copia de un plano original por sus ingenieros.— 

Firmado: V. Badailt. — Es copia: Senen Rodríguez (Museo Histórico Municipal). — En las 
obras de defensa que defienden la parte Este de la ciudad, pueden apreciarse perfectamente 

ambos Cubos en sus distintas formas. 


Durante el Gobierno de del Pino se imprimió gran 
actividad a los trabajos de fortificación ampliándose los 
Cubos. (4) 

Juan F. Aguirre en su diario de 1782, encuentra que 
ya la muralla que cubría el frente de tierra era alta y lie- 
cha de piedra pero sin foso. 

Según él pudo apreciar todas las fortificaciones que 


(4) — Colección Falcan. — Gobierno Del Pino 1772 - 89. — Ardí. Gral. 
de la Nación. — Montevideo. 





— 12 — 


estaban deterioradas, y se reconstruían con más ampli¬ 
tud de la ciudad y mejor calidad. (5) 

Don Diego de Alvear, en su Diario de 1784, al hablar 
de las fortificaciones de la Plaza, menciona los Cubos del 
Norte y Sur, pero sin darnos a conocer su estado. 

De todo lo expuesto deducimos que las fortificacio¬ 
nes de Montevideo se destruían fácilmente, solo con la 
acción del tiempo y debido a su mala calidad, pues como 
es sabido, hasta las invasiones inglesas nunca fueron ata¬ 
cadas sus murallas. 

El último proyecto de ampliación de los fortificacio¬ 
nes de Montevideo data de 1797, y fué firmado el 18 de 
Febrero del mismo año por el Coronel de Ingenieros José 
García Martínez de Zúñiga. (6) 

En este proyecto se llevan las murallas de la parte 
de tierra de la> Península hasta formar dos bastiones en 
los Cubos. 

A este proyecto nos referiremos más adelante al ha¬ 
blar de las modificaciones que en él introdujo el Gober¬ 
nador Elío, prescindiendo de ciertos formulismos admi¬ 
nistrativos. 



— 13 — 


III. _ RECONSTRUCCION DEL CUBO DEL SUR 

A pesar de todas las reparaciones hechas en el Cubo 
del Sur, éste amenazaba ruina en 1789. 

En Marzo de éste año se dio cuenta de la urgencia 
que había en repararlo, antes de (pie terminara de arrui¬ 
narse. 

Y en Junio del mismo año, se autorizó a tomar del 
rubro de Hacienda una partida de veinte mil pesos desti¬ 
nada a las obras de Fortificación, especialmente a las 



Detalle ampliado del plano levantado durante la dominación portuguesa por sus ingenieros 
militares, ya citado, por el que se comprueba que eS Cubo del Sur conserva sus troneras y su 

estructura colonial. 


del Cubo del Sur, con obligación de reintegrarlas cuando 
el rubro de fortificación que estaba agotado tuviera fon¬ 
dos para ello. 

La obra de reconstrucción del Cubo fué encargada 
al Ing. militar José Pérez Brito, quién terminó su traba¬ 
jo en Octubre de 1789. 





















— 14 — 


Se emplearon tres albañiles en labrar sesenta y ocho 
cantos, once albañiles y varios xieones voluntarios. 

La argamasa se hizo en eneros, empleándose en su 
mezcla aceite de lobo; la obra fue calculada a ojo en 
mil cien pesos y se invirtieron en ella novecientos noven¬ 
ta y cuatro pesos, tres reales. (7) 

Un plano de 1790, nos presenta el cubo del Sur con 
el siguiente perfil: estribo de tres varas de ancho por una 
vara de alto; altura total del muro, a partir del cimiento 
siete varas; anchura del muro en la base 2 varas y media; 
ancho del muro, en la cresta de fuego, una vara y me¬ 
dia. (8) 


(7) — Caja 172. — Real Hacienda. — Archivo Gral. de la Nación. - 
Sobre el Ing. Militar José Pérez Brito. Véase: M. Castro López. 17. José 
Pcrcz Brito", en “Almanaque Gallego para 1918”, págs. aó-61, Buenos 
Aires, 1918. 

(8) — Archivo del Real Cuerpo de Ingeniero. Nómina de Planos 17/1- 
1808 Carpeta 1-10. —- Biblioteca Nacional. — Montevideo. 



— 15 — 


IV. — EL CUBO EN LAS INVASIONES INGLESAS 

18 años después de las importantes reparaciones lie- 
clias en el Cubo del Sur, durante el Gobierno de del Pino, 
éste no había sido terminado. Le faltaban completar los 
terraplenes para construir la plataforma de la artillería 
que había de ocuparla, defendiéndola a su vez y batiendo 
de flanco la cortina que defendía la parte de tierra de la 
ciudad, en el trozo comprendido entre este Cubo y la ba¬ 
tería del parque de artillería, emplazada al Sur de la Cin¬ 
dadela. 

Por esta causa, y no haberse realizado la obra pro¬ 
yectada en 1794, el cubo solo pudo ofrecer un débil apo¬ 
yo, con escasos medios. 

Solo así se explica como los ingleses avanzando por 
el bajo, desenfilados de los fuegos de la Ciudadela y de la 
batería, pudieron apoyados por los tiros de los buques 
de guerra, atacar la muralla próxima el cubo del Sur, 
abrir la brecha e introducirse en la plaza. (9) 


(9) — Transcribimos a continuación un fragmento de las Memorias 
de Don José Batlle y Carreó ascentista que fue de la Real Armada Españo¬ 
la, publicada por Matías Alonso Criado en la Revista Histórica, Nums. 19 
y 20 — pág. 156 - 157. 

Siguió el sitio hasta la noche del 2 al 3 de Febrero de 1807', que hallán¬ 
dose, como queda dicho, brecha abierta en el portón de San Juan, pero me¬ 
dio tapiada de cueros por la parte de adentro, emprendieron los ingleses el 
asalto; se dijo entonces que hallándose la marea baja, pasaron por debajo 
del Cubo del Sur, sin ser oidos, porción de ellos, que arrimados al pie de 
la muralla no obstante lo escabroso del piso, por grandes piedras y agua no 
fueron vistos y se introdujeron a la parte de adentro, de la muralla de tie¬ 
rra o cubo que forma la cabeza de ella, y arrimados a la que mira a la mar, 
que no era difícil pudieron andar unas 100, 200 o 300 varas, para adentro 
del Cubo e introducirse por ser aquella muralla solo un parapeto para res¬ 
guardo de los fuegos que se dirigían del mar, porque no es posible arrimar 
ningún bote y desembarcar, aún de día, desde la parte de fuera del Cubo, 
hasta la punta de San José, por ser todo roca que la mar bate; lo cierto míe 
fué que los primeros tiros de fusil que se oyeron sobre las dos y cuarto ho¬ 
ras de Ja madrugada del 3 de Febrero, fueron disparados de dos o tres cua¬ 
dras, o sean de 2 a 300 varas a la parte de adentro de la muralla, o Cubo, 
en el punto dicho de la muralla del mar, y con esto entró la confusión. 

Oídos los tiros disparados adentro por las columnas de tropa que prova- 
blemente estaban afuera preparadas para el asalto esperando la señal de los 
que habían entrado avanzaron, y, sin embargo de no ser vistos se dispersa- 



El Cubo del Sur en la Guerra Grande. — Según el Plano Topográfico de la Ciudad de Monte» 
video, Capital del Uruguay de su primera y segunda línea de fortificaciones que para su de¬ 
fensa se construyeron desde 7 de Enero de 1843: el cual indica las baterías y guardias avan- 
zadas del Ejército sitiador, mandado por el Brigadier General Don Manuel Oribe. — Levantado 
en 1847, por orden del señor General Don Manuel Correa. — Por el Capitán Don Juan P. Car= 
deillac. — El Cubo conserva su forma colonial; las troneras en este dibujo han sido represen¬ 
tadas con un signo convencional. — Puede apreciarse también la posición del Templo Inglés 
dentro del Cubo que no entorpecía el funcionamiento de la batería allí instalada. 




— 17 — 


Vemos en un dibujo de la época lieclio por un Oficial 
Inglés la comprobación de este aserto. 

Terminado el Cubo, del Sur, con su dotación de hom¬ 
bres y artillería correspondiente, posiblemente los ingle¬ 
ses no hubieran hecho la brecha con tanta facilidad; pues 
para acercarse y poder emplazar las baterías hubiera 
sido necesario acallar antes los fuegos del Cubo, lo que 
resultaba un tanto difícil sin la destrucción de éste o inu¬ 
tilización de su artillería, problema algo más complicado 
que el de oradar una muralla poco menos que indefensa, 
una s im ple pared, sin terraplén, sin foso, ni palizada. 


ron tres o cuatro tiros óe metralla, sobre el camino que tal vez sentirían al¬ 
gún ruido, tirados desde el Parque de Artillería, v del Cubo del Sud, que la 
brecha se hallaba al medio de estos dos puntos, los cuales se dijo después, 
habían contenido avanzar las columnas, y habían inutilizado más de 500 en¬ 
tre muertos y heridos; pero habiéndo parado el fuego de cañón de aquellos 
puntos por orden del gobernador y continuando el fuego de fusil dentro la 
plaza, avanzaron las columnas de afuera, y entraron por la brecha que ya 
los de adentro que la defendían la habían abandonado, o desamparado con 
la confusión de aquellos momentos, y los ingleses se apoderaron de la Ciu¬ 
dad sufriendo los Españoles, la pérdida de unos 200 hombres, muertos y he¬ 
ridos.” 




— 19 — 


V. — EXTENSION Y AMPLIACION DEL CUBO 


Después de evacuada la Plaza de Montevideo, por 
los ingleses, el Gobernador Javier Ello, empezó a tomar 
una serie de disposiciones de carácter militar para acre¬ 
centar los medios de defensa de la Plaza. 

Entre otras disposiciones ordenó la ampliación y ex¬ 
tensión del Cubo del Sur. 

Esta ingerencia de Elío en las reales obras de forti¬ 
ficación contrariando el trámite regular que debían se¬ 
guir, motivó una queja del Ingeniero don Bernardo 
Lecoq. 

El Cabildo de Montevideo apoyó al Gobernador 
Elío, aprobando las disposiciones tomadas por éste, des¬ 
autorizando en esta forma al Brigadier de Ingenieros 
don Bernardo Lecoq, en su queja de inversión y modifi¬ 
cación del plan de fortificación aprobado por el Rey. 

El incidente entre el Coronel Don Francisco Javier 
Elío, Gobernador interino de Montevideo y el Brigadier 
de Ingenieros don Bernardo Lecoq, Ingeniero en Jefe del 
Virreynato, tuvo por causa principal, la ampliación del 
Cubo del Sur, donde debía construirse según el proyecto 
en cuestión, un gran bastión avanzado al mar. 

La parte de fortificación que terminaba este cubo 
consistía mas bien en una pared que en una muralla y fué 
allí donde abrieron brecha los enemigos y la más apropó¬ 
sito para llevar un ataque. 

La construcción del bastión propuesto, a juicio del 
Cabildo de Montevideo, imponía serias dificultades para 
cimentarlo por la profundidad y violencia del mar en 
aquel paraje y exigía además una gran pérdida de tiem¬ 
po en su construcción, quedando entre tanto la Plaza casi 
indefensa, al embate de los enemigos que podrían apare¬ 
cer mientras se realizaba esta obra. 

Esta fué la causa fundamental por la cual se adoptó 
la fábrica del nuevo Cubo, sobre el antiguo de figura cir- 



— 20 — 


ciliar por que era el que resistía más y la que en el aquel 
punto no tenía necesidad de flanco. 

El Cubo se elevó con la mayor celeridad, por su 
construcción más sencilla, en cambio si se hubiera pen¬ 
sado en el bastión proyectado a que le llegare su turno, 
expresaba el Cabildo, según la dirección de las obras 
principales era necesario pasarse un siglo para verlo co¬ 
menzado. 

El Brigadier Lecoq — continuaba el Cabildo en su 
exposición — principió a practicar el nuevo proyecto por 
la parte del Norte, paraje por donde jamás ha sido de es¬ 
perar algún insulto, y que por lo mismo debió ser el últi¬ 
mo del recinto que se fortificase. 

Algunos han querido decir, que el interés de cons¬ 
truir una casa de su propiedad en aquel paraje, lo deci¬ 
dió al Ingeniero Lecoq, a dar a la nueva fortificación pro¬ 
yectada un arranque tan extravagante. No asentirá a eso 
el Cabildo, aunque la casa en realidad se construyó al 
mismo tiempo; pero lo que m> puede dejar de observarse, 
es que si aquel tramo de fortificación se hubiese fabrica¬ 
do entre la plataforma del Parque de Artillería y el Cubo 
del Sur, talvez, que los Ingleses no se apoderasen de la 
Plaza. (10) 

La obra del Cubo del Sur se empezó bajo la dirección 
del Coronel de Ingenieros don José del Pozo, pero ape¬ 
nas empezada sufrió un retraso, por no encontrarse en 
Montevideo piedras sillares para terminarlo. 

Después de buscarse en vano, si en poder de parti¬ 
culares se encontraban piedras que pudieran ser utiliza¬ 
das para esta construcción, se constató que en las obras 
de la construcción de la Casa Capitular había una 
cantidad de piedra labrada que no sería empleada 
de inmediato en la obra, por cuya causa el Cabildo de 
Montevideo, el 12 de Marzo de 1808, autorizó la entrega 
de estas piedras para la terminación del Cubo del Sur, 


(10) — Isidoro de María. — Tradiciones y Recuerdos. — Montevideo 
Antiguo. — Libro Tercero. Tomo 3-4. 



— 21 — 


por considerar urgente y de imprescindible necesidad la 
realización de esta obra. (11) 

Pero como no había rubro de fortificación para pa¬ 
garlas, se resolvió que se tomara de la Real Hacienda el 
importe correspondiente y que se reintegrara en oportu¬ 
nidad. 

Según De María, el Cubo del Sur ya estaba artillado 
en 1810, con dos cañones de bronce y dos de fierro. (12) 



Vista de la parte Oeste del Cubo del Sur y Templo Inglés. — Sobre la parte circular del Cubo 
se ven los últimos restos del parapeto con troneras que hemos constatado desde su levanta^ 
miento en 1808, hasta el plano de Cardeillac en 1849. — Litografía coloreada de Weigeland. — 
Misiones 109 Montevideo. — Colección del Sr. Roberto Pietracaprina. 

No liay duda que debido a la actividad de los Coro¬ 
neles Elío y del Pozo, las obras de fortificación de Mon¬ 
tevideo, se mejoraron notablemente y ellas se hubieran 
terminado con la misma celeridad si una Junta de Guerra 
realizada en Buenos Aires el 2 de Abril de 1810, presidi¬ 
da por el Virrey (Asneros, no hubiera dispuesto su inte¬ 
rrupción. 


(11) — Actas del Cabildo. — 1808. — Arcli. Gral. de la Nación. 

(12) — I. de María — Montevideo Antiguo — Tomo Tercero. 








— 22 — 


A dicha Junta de Guerra concurrió el Coronel del 
Real Cuerpo de Ingenieros de Montevideo, José del Pozo, 
y dió cuenta del estado de las fortificaciones de Monte¬ 
video y de las nuevas obras que se habían iniciado, por 
orden exclusiva del Gobernador Ello, dada por nota en 
Abril de 1808. 

La Junta dispuso se diera preferencia a la termi¬ 
nación de las obras de la contraescarpa de la Ciudadela y 
se dejaran las demás para iniciarlas una vez terminadas 
éstas. (13) 

Pero al mes siguiente estalló la Revolución de Mayo, 
y Ello vuelve a tomar disposiciones por su propia cuenta 
resolviendo con los pocos recursos que pudo obtener por 
intermedio del empréstito patriótico la terminación de 
todas las obras iniciadas, entre éllas la ampliación y ex¬ 
tensión del Cubo del Sur. 

Durante todo el año 1811 y 1812, se proporcionó con¬ 
chilla para consolidar el piso de la batería del Cubo del 
Sur, pero recién vemos terminada esta obra por el plano 
del Coronel del Pozo que lleva fecha Marzo 15 de 1812. 

Este plano cuya copia fotográfica se encuentra en la 
colección tomada en los archivos Españoles por el Dr. 
Carlos Travieso, contiene las siguientes referencias: Pla¬ 
no de la porción de cortina del portón de San Juan inclu¬ 
sive el Cubo del Sur todo que fué arruinado en el sitio y 
se ha reedificado dándole mayor extensión al Cubo de la 
que tenía el antiguo y habiéndose terraplenado la corti¬ 
na que no lo estaba. 

Por esta ampliación y extensión, se elevó la cresta 
de fuego del torreón y se prolongó su muro por la parte 
oeste en dirección norte, hasta donde después se abrió la 
calle que llevó el nombre de Santa Teresa (después Re¬ 
cinto). 

Sobre la parte este del torreón, se construyeron cua¬ 
tro troneras: el resto de la batería era a barbeta y todo el 
cubo estaba artillado en esa fecha con doce cañones. 


(13) — Caja 339. — Carp. 7 — Doc. 42. — Arch. Gral. de la Nación. 



23 


En esta época, el cubo alcanzó su máximo desarro¬ 
llo, constituyendo una verdadera posición, cpie combatió, 
durante tres años, a la fuerza de los patriotas (pie al man¬ 
do de Culta, Artigas, Soler y Hondean, asediaron el últi- 
Dnrante la denominación portuguesa - brasilera, se 
construyeron en la Ciudad de Montevideo, algunas nue- 



EL CUBO DEL SUR 


Apunte del natural por el pintor Horacio Berta. — 1931 


mo baluarte de la dominación española en el Río de la 
Plata. 

vas obras de fortificación, y se repararon y ampliaron 
otras; entre estas modificaciones cabe citar el cambio 
del portón próximo al Cubo del Sur por encontrarse en 
en muy mal estado. 

Este portón como es sabido es llamado el portón nue ¬ 
vo o de San Juan y fue el último abierto en las murallas 
que defendían la parte de tierra de la península. 









VI. — LA BATERIA DEL CUBO 


En términos militares se denomina batería a la uni¬ 
dad orgánica y táctica de la artillería compuesta de va¬ 
rias piezas con el personal y demás elementos para su 
servicio; y también a la obra de fortificación o parte de 
ella que contiene una o varias piezas de artillería en con¬ 
diciones apropiadas para el combate. 

Así es que, al referirnos a la batería que se emplazó 
en distintas épocas sobre el torreón o Cubo del Sur, vamos 
a historiar la cantidad de cañones en condiciones de com¬ 
bate que defendieron esta obra de arte militar. 

Empecemos por decir que a esta batería se le llamó 
batería San Fernando, nombre que tenía también el ba¬ 
luarte emplazado en el ángulo noroeste de la Ciudadela. 

La artillería correspondiente a esta batería, tiró a 
barbeta desde su construcción hasta la ampliación y ex¬ 
tensión que en el efectuó el Coronel de Ingenieros don 
José del Pozo, el que como ya lo hemos dicho construyó 
cuatro troneras en la parte Este del Cubo. 

El número de cañones correspondiente a esta bate¬ 
ría, antes de su ampliación, no pasó de dos del calibre de 
a ocho; es decir cañones que arrojaban una bala esférica 
de hierro de un peso igual a ocho libras francesas. (14) 

Con esta artillería combatió durante el ataque lleva¬ 
do por los ingleses a esta Plaza en el año 1807. 

Isidoro de María, como ya lo hemos dicho, le da a 
este Cubo, en 1810, una batería compuesta de dos caño¬ 
nes de bronce y dos de hierro. 


(14) — Ver: “Plano del recinto de la Plaza de Montevideo, con expo¬ 
sición de las baterías que hay en él y los cañones y morteros, — firmado 
por Bernardo Lecoq. — Este plano, no tiene fecha pero figura con el núm. 
90, en la relación de los publicados por Torres Lanza con fecha 1771. 

“Plano de la Plaza y Puerto de Montevideo en la costa Septentrional 
del Río de la Plata situado en la latitud de 34° 54’ 42” y en la longitud 

de 50 9 6 ’ occidental de Cádiz según las últimas observaciones del año 1789”. 

“Plano de la Plaza de San Phelipe de Montevideo en el Río de la Plata 



— 26 — 


En 1812, vemos por el plano del Ing. del Pozo, que ya 
liemos citado, que esta batería constaba de doce cañones. 

Y, por un plano levantado en 1813, por Bartolomé de 
Muñoz, comprobamos que durante el sitio puesto a la 
Ciudad de Montevideo por el Ejército de las Provincias 
Unidas del Río de la Plata, la concentración de boca de 
fuego en este punto disminuyó puesto que solo figuran 
ocho cañones, cuatro fijos — emplazados posiblemente 
en igual número de troneras — y cuatro volantes para 
ser emplazados en el lugar mas conveniente, dentro del 
recinto del Cubo, del cual como puede apreciarse por los 
distintos planos que se publican en este trabajo podía di- 
rijirse sus fuegos en dirección Este, Sur y Oeste. (15) 


en el que se demuestran sus fortificaciones executadas y por executar, y el 
terreno perteneciente al Govierno y ciudad de esta Plaza. — Le hizo el Sr. 
don Juan de los Reyes Corone! de Infantería de las Rs. Exercitos de 
S. M. C. de esta Plaza”. 

“Plano de Montevideo, en el Río de la Plata situado en la costa Norte 
en la latitud Sur 34° 48’ en q. se manifiesta el orden de su defensa”. — 
Este plano está sin fecha. 

“Plano de la Plaza y Ciudad de San Phelipe de Santiago”.—Sin fecha. 

Todos estos planos se encuentran en el Museo Municipal de Montevideo. 

(15) — Montevideo sitiado por el Ejército de las Provincias Unidas 
del Río de la Plata, — por Bartolomé de Muñoz. — Museo Municipal. — 
Montevideo. 



—'27 — 


vil. — EL FUERTE ELIO 


Bajo el título de la “Jura de Fernando 1: en Monte¬ 
video”, se publicó en el Número 13, Tomo 5 de la Revista 
Histórica, un trabajo documentado, referente a los diver¬ 
sos actos que con este motivo se realizaron en Montevi¬ 
deo, el 12 de Agosto de 1808. 

Después de detallar los festejos de orden civil, y reli¬ 
gioso, refiriéndose a los de carácter militar se dice: 

“.al compás de la música marcharon en columna 
“ las Compañías de Granaderos de los tres cuerpos de 
“ infantería con un trozo de voluntarios de Caballería 
“ de esta Ciudad a vanguardia, y otro a retaguardia por 
“ la calle del costado del Sur de la Iglesia Matriz hasta 
“ la batería del recinto nombrada Sto. Tomás. 

“ Los Batallones marcharon por la calle del Parque 
“ de Artillería hacia el Fuerte de Elío y se colocaron en 
“ fila apoyados a los parapetos que medían entre el Par- 
“ que y dicho fuerte y entre este y la Batería de San 
“ Juan. Las Milicias de Artillería o más bien digamos el 
“ pueblo todo condujo desde Santo Tomás y de otros 
“ puntos once Piezas de Artillería las más de ellas de 
“ grande calibre que fueron arrastradas a brazo, y colo- 
“ cadas en el fuerte Elío en menos de una hora, sin otra 
“ desgracia que la de un ebrio a quien rompió un brazo 
“ una rueda por haber caído sin ser visto entre la multi- 
“ tud. El Cura Vicario Dn. Juan José Ortiz rebestido de 
“ capa pluvial y acompañado del clero bendijo el fuerte 
“ de Elío con el nombre de San Fernando, y dedicación 
“ a nuestro soberano Fernando 7. 9 . Concluida la bendición 
izó el Gobernador por su mano la bandera. Se hizo salba 
con las 11 Piezas de Cañón y los Batallones ejecutaron 
un vistoso fuego desde los Parapetos. La concurrencia 
fué inmensa y las aclamaciones y gritos de alegría im- 
“ ponderable. Todas estas funciones se concluyeron a la 
“ una de la Tarde. ” 




— 28 — 


No me cabe la menor duda que el fuerte a que se elu¬ 
de, situado en el ángulo sudeste de las fortificaciones de 
Montevideo, entre la Batería del Parque, ubicada al este 
de la ciudad v la Batería de San Juan, al Sur de la misma 
es el Cubo, cuya ampliación y extensión, había sido dis¬ 
puesta por Elío, aunque como ya lo hemos demostrado en 
el capítulo anterior esta obra, no fué terminada hasta al¬ 
gunos años después. 

Militarmente considerado, la denominación de fuer¬ 
te, es aplicado a una fortaleza aislada, que no tiene en su 
interior núcleo alguno de población civil; pero, también 
se da este nombre, por extensión, al lugar, población u 
obra de arte militar, de fortificación difícil de atacar, o 
de tomar, apropiado para una defensa enérgica en razón 
de las condiciones naturales o artificiales que tiene. 

Al disponer Elío la ampliación y extensión del Cubo 
del Sur, reforzó este torreón y por consiguiente, lo puso 
en mejores condiciones de resistir con más éxito, la de¬ 
fensa de aquel lugar, el más vulnerable de las fortifica¬ 
ciones de Montevideo, como quedó demostrado en las In¬ 
vasiones Inglesas. 

Solo así, se explica, la denominación popular de fuer¬ 
te Elío, primero, y Fuerte San Fernando, después, dado 
en aquel acto al Cubo del Sur, denominación que no he¬ 
mos vuelto a encontrar, en la abundante documentación 
de la época colonial consultada para este estudio. En 
cambio el nombre de San Fernando, lo lleva, a partir de 
esta ceremonia, hasta varios años después la batería ins¬ 
talada en el Cubo del Sur, que a mi juicio, fué la bautiza¬ 
da en ese día. 



VIII. — VENTA DEL CUBO 


El 6 de Julio de 1841, el Gobierno vendió, con inter¬ 
vención del Escribana Don Juan Pedro González, el te¬ 
rreno llamado Cubo del Sur. 

Eueron compradores los señores Pablo Delgado, 
Joaquín Sagra, Manuel Otero y Juan Irigoyen. 

Formalizada la promesa de venta, se dispuso el le¬ 
vantamiento del Plano del referido Cubo, cuya tarea fué 
encomendada al miembro de la Comisión Topográfica 
Don José Dellepiane. 

Según el levantamiento practicado por Dellepiane, 
el Cubo acusó un área de 1700 varas cuadradas. 

Los compradores pagaron este bien a razón de 6 rea¬ 
les la vara, lo que les obligó a un desembolso de mil dos¬ 
cientos setenta y cinco pesos. 

Las murallas que limitaban este terreno quedaban a 
beneficio de los compradores pero, es interesante desta¬ 
car que por la misma escritura de venta se obligaba a los 
nuevos propietarios a “conservar el muro que mira al 
Sud”. (16) 

¿Qué motivos indujeron al Gobierno a velar por la 
conservación de esta parte del Cubo del Sur? 

Bien pudo ser el interés de conservar esta reliquia 
de la época colonial, compenetrado de su valor, histórico, 
pero también pudo esta resolución ser inspirada en el de¬ 
seo de poder utilizar esta obra de defensa en caso necesa¬ 
rio, como se utilizó más tarde al atacarse la capital de la 
República durante la Guerra Grande que ya estaba inicia¬ 
da cuando se realizó la venta del Cubo del Sur. 

Lo cierto es que, debido a esa obligación impuesta 
por el Gobierno, no solo fue conservada la parte de muro 
que mira al Sur, sino también toda la parte circular res- 


(16) — Archivo de la Escribanía de Gobierno y Hacienda. — Atención 
del Sr. Juan Alberto Gadea. 



tante que mira al Norte y hasta un trozo de la cortina del 
Oeste, del expresado Cubo. 

Organizada la Ciudad de Montevideo para resistir al 
Ejército que a órdenes del general Manuel Oribe puso si¬ 
tio a la capital de la República, al comienzo de la Guerra 
Grande, se trataron de utilizar las obras de fortificación 
que aún quedaban en pie de la época Colonial, tales como 
el fuerte de San José la batería del Cuartel de Dragones, 
murallas de las bóvedas, Cubo del Sur, etc. etc. sin per¬ 
juicio de levantar las nuevas obras de fortificación que 
defendieron la parte este de la Plaza. 

En el Cubo del Sur se levantó una batería, cuya ins¬ 
talación motivó una reclamación de uno de los propieta¬ 
rios del terreno, Don Joaquín Sagra. 

El 22 de Diciembre de 1843, se presentó este señor 
manifestando que había comprado y pagado al Gobierno 
el local llamado Cubo del Sur, y que habiéndolo vendido 
para instalar en él la Iglesia Anglicana, libre de toda 
servidumbre, se le había colocado allí una batería. 

Pidió al Gobierno que este accidente no le impusiera 
ninguna permanente y que la batería se mudara de allí 
en el momento en que su conservación fuera incompati¬ 
ble con la construcción de la expresada Iglesia. 

Con fecha 23 del mismo mes y año, el Poder Ejecuti¬ 
vo declaró que el mencionado local no reconocía servi¬ 
dumbre de ninguna clase por la accidental colocación 
de la batería y que se retiraría del Cubo en el momento 
que su permanencia fuera incompatible con la construc¬ 
ción a realizarse. (17) 

En el mismo mes de Diciembre de 1843, se acordó el 
permiso para edificar la Iglesia Evangelista. 

El 1.’ de Enero del año siguiente, se colocó la piedra 
fundamental de este Templo. 

Un dibujo de Manuel Besnes e Irigoyen de fecha 7 
de Setiembre de 1844, nos presenta el Cubo del Sur con 
una porción de pared del Templo Inglés de bastante ele- 


(17) — Organización Defensiva de la Plaza de Montevideo. — Del 
mismo autor. 



— 31 — 


vación, lo que nos da la sensación de que los trabajos de 
edificación de esta Ig-lesia estaban en esa fecha bastante 
adelantados. (18) 

No se tienen noticias exactas de la inauguración del 
Templo, ni de la fecha de su terminación; pero noso¬ 
tros hemos podido comprobar que en Octubre de 1846, ya 
estaba terminado este edificio. 

Con motivo de los frecuentes atentados contra la 
Iglesia Protestante, el Consulado Británico, convocó a 
una reunión general a los suscriptores de dicha iglesia 
en Octubre 1 de 1846. 

Según se trató en esa reunión los referidos atenta¬ 
dos consistían en roturas de vidrios de las ventanas, so¬ 
bre todo de las que daban al lado Oeste, de las puertas y 
del propio edificio. La Comisión comprobó además que la 
destrucción pasó también de los vidrios a las ventanas y 
puertas y últimamente a los escalones de mármol de la 
entrada. (19) 

Todo lo cual nos comprueba que este edificio esta¬ 
ba terminado en esa fecha. 

Pero, a pesar del levantamiento del templo en el 
Cubo del Sur, la batería construida en él, al principio de 
la Guerra, no fué retirada de allí, posiblemente por que 
este edificio no se levantó sobre la parte circular del 
cubo sino, en su proximidad. 

Vemos así en el plano de la Ciudad de Montevideo y 
sus fortificaciones levantado por el Ingeniero Militar 
Don Juan Pedro Cardeillac en el año 1849, que aun en esa 
fecha y a pesar de estar levantado el templo inglés sub¬ 
sistía la batería. (20) 

Los detalles que contiene este plano los conside¬ 
ramos exactos, no solo por los conocimientos cientí¬ 
ficos de que dió reiteradas pruebas, don Juan Pedro Car¬ 
deillac, Ingeniero, Arquitecto, y Agrimensor, sino tam- 


(18) — Museo Histórico Nacional. Montevideo. 

(19) — “Comercio del Plata” — Oct. 1|846 — Biblioteca Nacional. 

(20) — “Los Ingenieros Militares en nuestro pasado”. — Del mismo 
autor. 



— 32 — • 


bién por que él mereció la aprobación de la Comisión de 
Topografía, quien declaró que estaban respetados con 
exactitud todos los detalles topográficos. 

Y continuaba que nada había que desear respecto a 
las operaciones trigonométricas practicadas y en el modo 
gráfico con que han sido puestos sobre el papel. 

En este plano vemos que aun se conserva el Cubo en 
su estructura colonial y que mantiene todavía las trone¬ 
ras levantadas en 1808. 

En un cuadro que posee el Sr. Roberto Pietracapri- 
na y que reproducimos en este trabajo podemos apreciar 
los últimos vestigios del parapeto que contenía las trone¬ 
ras (21), y lo vemos completamente desaparecido en un 
dibujo de Aimee Aulbourgen en el año 1858 que existe en 
el Museo Municipal. 

Después de la destrucción del parapeto referido el 
Cubo quedó a la altura que estaba en 1790, es decir, hasta 
antes de la elevación dispuesta por Elío. 

Posteriormente se elevó en su sustitución, un peque¬ 
ño muro de manipostería, sin troneras que hasta hace 
poco tiempo pudo ser apreciado por el público que visita¬ 
ba la parte circular del Cubo del Sur. 


(21) — ‘‘Templo Inglés” — Litografía coloreada de Weigeiand. — Mi¬ 
siones 109. '— Montevideo. — Este cuadro fué adquirido por el Sr. Pietra- 
caprina en Lyon (Francia). — Otra reproducción de este dibujo se encuen¬ 
tra en el Museo Municipal. — El mismo señor Pietracaprina posee en su 
colección otra interesante litografía de Weigeiand: ‘‘Montevideo. Vista to¬ 
mada desde la Peña del Bagre”, en la que nos representa el cubo visto de la 
parte Sudoeste de la Ciudad. 

Y, en el Museo Municipal existe, además, el “Nuevo Plano de la Ciudad 
de Montevideo, Capital de la Renública Oriental del Lruguay, publicado por 
la litografía de L. Weigeiand. — Calle de Misiones 109. Montevideo. 1S62 , 
que nos presenta al Cubo del Sur en otro aspecto interesante. 



— 33 — 


IX. — MONUMENTO HISTORICO 


El Cubo del Sur, último vestigio de aquellos magní¬ 
ficos fuertes, y murallas que nos legaron los colonizado¬ 
res, perdidos la mayoría de ellos por la incuria nativa; 
obra de arte militar de la vieja Madre España; punto de 
apoyo de las fortificaciones que defendían la parte Este 
de la península de Montevideo, a cuyo amparo nació y 



Vista de la parte Noroeste del torreón después de los trabajos 
de nivelación de la rampla Sur 


creció la ciudad que después había de ser la Capital de la 
República; testigo inmortal, por espacio de casi dos si¬ 
glos del proceso evolutivo de nuestra gesta heroica, ha 
pasado ya a la categoría de reliquia histórica. 

Las importantes obras de la Rambla Sud han puesto 
al descubierto, del lado de tierra, una porción de Cubo, 
que permaneció durante muchos años cubierto por las 
tierras del terraplén del Templo Inglés. 

Este muro que apenas se eleva un metro del nivel 




— 34 — 


del suelo, se encuentra bastante bien conservado y pre¬ 
senta el arranque de las murallas que los unían a las 
obras que defendían la Ciudad por la parte Este y Sur. 

El valor arqueológico y su significación histórica im¬ 
ponen la restauración de esta obra y ella será llevada a 
cabo en breve merced a la intervención de la Sociedad 
Amigos de la Arqueología y al espíritu comprensivo del 
encargado del Departamento de Obras Municipales Ar¬ 
quitecto Eugenio P. Baroffio. (22) 

Responderá así nuestro país al movimiento univer- 


(22)—La “Sociedad Amigos de la Arqueología”, Institución que desde 
su fundación, (1926), viene luchando por la conservación y restauración de 
nuestros monumentos históricos, que tiene su representante en la Comisión 
encargada de restaurar las fortalezas de Santa Teresa, San Miguel y “Gene¬ 
ral Artigas”, que ha intercedido ante el Parlamento Nacional, pidiendo le¬ 
yes al respecto, y que ha presentado proyectos sobre custodia y conserva¬ 
ción de estos monumentos, se preocupó también, en su oportunidad de la res¬ 
tauración y conservación del Cubo del Sur, v, en prueba de éllo damos a co¬ 
nocer la interesante nota pasada con motivo de la gestión iniciada ante la 
Comisión de la Rambla Sur: 

"Señor Presidente de la Comisión de la Rambla Sur Ing. don Juan P. 
Fabini.—Señor Presidente: La Sociedad “Amigos .de la Arqueología”, que 
tengo en honor de presidir, en la sesión celebrada en el día de ayer, y por 
unanimidad, resolvió llamar la atención por la forma en que ha comenzado a 
levantarse el muro de contención de la Rambla Sur, en las inmediaciones del 
Templo Inglés, desde que solo deja subsistente la mitad del antiguo Cubo del 
Sur, ocultando buena parte de la cima actual. La sorpresa recibida al contes¬ 
tar la forma en que está siendo tratado el único vestigio importante de las 
antiguas murallas de la ciudad, ha sido grande, desde que al seno de esta ins¬ 
titución había llegado, por distintos conductos, la versión de que el histórico 
baluarte «sería respetado integramente. 

..La ejecución del actual muro unos pocos metros más atrás, salvaría de 
la destrucción tan interesante reliquia del pasado montevideano, permitien¬ 
do exhibir la hermosa sillería de sus muros centenarios en toda su amplitud 
v esbeltez, viniendo a constituir en sí hasta un motivo de ornato, para el 
paseo que se proyecta, si se conserva integramente. 

La Sociedad “Amigos de la Arqueología” interesada en la conservación de 
todo lo dejado por las pasadas generaciones en el país, se interesa en grado 
extremo porque las obras de la futura Rambla no alteren en lo más mínimo 
lo que queda del Cubo del Sur, y, en consecuencia, teniendo presente que 
cada día <jue pasa contribuye a hacer más irreparable y costosa la pérdida 
que trata de evitar, asigna a esta gestión carácter de extrema urgencia y, 
en consecuencia, pide para ella preferente atención. 

Con este motivo me es grato saludar al señor Presidente, y por su in¬ 
termedio a los miembros de esa Comisión, muy atte. 

Montevideo, 28 de Marzo de 1928. — Alejandro Gallinal. — Presidente. 
•— Horacio Arredondo (hijo) Secretario. 

Revista Amigos de la Sociedad Amigos de la Arqueología. Tomo III. 
Pág. 459 y 460. 



35 — 


sal iniciado desde hace pocos años, con motivo de la invi¬ 
tación hecha por la Sociedad de las Naciones a los citados 
miembros de dicha entidad, accediendo al deseo expresa¬ 
do en las recomendaciones elaboradas por la conferencia 
de Atenas, relativas a la conservación de los monumen¬ 
tos históricos y obras de arte; movimiento que tuvo su re¬ 
percusión en la YII Conferencia Internacional Paname¬ 
ricana, realizada en Montevideo en Diciembre de 1933, y 
en la cual se aprobó una ponencia presentada en igual 
sentido. 

Y, cuando los técnicos hayan restaurado sus líneas 
arquitectónicas, devolviendo al Cubo su forma primitiva, 
este torreón se elevará sobre nivel de la amplia Rampla 
Sur desafiando los embates del Río de la Plata, tan fre¬ 
cuentes e impetuosos en la costa meridional de la Ciudad 
no como los antiguos caballeros de las fortificaciones 
para obtener una posición dominante, no como ostenta¬ 
ción de fuerza, de vigor, de resistencia, de energía de ap¬ 
titud y de voluntad para vencer, sino como un monumen¬ 
to perenne, que ilustre a las generaciones venideras, que 
deben vivir en el culto recordatorio hacia aquellos gran¬ 
des hombres que nos hicieron grandes y que nos orienta¬ 
ron por el camino de la civilización, impulsándonos a sa¬ 
lir al encuentro del porvenir.